El Plan E tiene sus detractores y sus defensores. Quienes sigáis este blog sabréis que a parte de este mantengo otro dedicado a la Nueva Economía y otro al Futuro de la Humanidad, y ya en ellos he comentado algunas cosillas sobre este plan, que no puedo calificar sino como un derroche a destiempo que podría haber traído muchos más beneficios de haberse hecho de forma más productiva.
Pero hoy no quiero hablaros del aspecto económico ni social de este plan, sino del impacto medioambiental negativo que está teniendo.
Es de suponer que muchos ayuntamientos de otros muchos municipio habrán seguido la misma política que aquel en el que yo vivo. Hacer tabla rasa para arreglar las calles y aceras y destrozar con todo lo que hubiese allí, jardines, árboles, lo que sea.
Sin contar el desperdicio energético del plan, la sola observación del impacto ambiental que las talas de árboles están teniendo me pone los pelos de punta.
Es algo que se podía haber evitado, y que, quizás, tengamos que pagar a largo plazo como un empeoramiento de nuestros niveles de salud.
Menos árboles y menos verde en las ciudades es peor atmósfera, pero también menos contacto con la naturaleza y una mayor propensión a padecer enfermedades como el estres.
