Estaba solo, y tenía los ojos más tristes que había visto en mucho tiempo.
Famélico, busaba comida por los rincones del barrio, y su pelaje, antes seguramente lustroso, mostraba las carencias de alimento y agua.
No entiendo cómo nadie puede abandonar a un perro, o a cualquieotro animal, tan fiel y tan cariñoso, y que daría la vida por su amo.
Ese amo que le paga su amor y cariño dejándolo en una cuneta, a merced de coches, del hambre y de la tristeza.
